Mi Triste Vida. (Parte 3)


Al dia siguiente me desperté con un terrible dolor de cuello porque el almohadón se había caído de la cama.
-          Que almohada forra dios!
-          De nuevo lo volvi a hacer dios!! Que imbécil que soy
Es increíble como no podía contener mis propias palabras, era como si adentro mío hubiera otro yo malvado tirando las palabras por mi boca sin que me de cuenta, pero bueno, esperemos que no sea así porque eso de tener otra persona adentro no debe ser tan saludable.
Cafecito y los dos criollos de cada mañana para arrancar el día y después un poco de juegos para despejar la mente, mientras jugaba se me ocurrió la brillante idea de ir de mi tía Cristina y pedirle que me maquille para ir al trabajo decentemente.
Camine hasta la casa de mi tia Cristina, y si tengo 25 años y camino a todos lados porque no tengo ni para una bici pero bueno, quedaba un poco lejos la casa pero en unos minutitos ya estaba ahí. Mi tia me recibió con unos mates y unos bizcochos  pero desafortunadamente no tenia tiempo para eso porque en una hora entraba a trabajar, mi tia me empezó a maquillar y todo estaba quedando bien hasta que se le callo el maquillaje sobre mi cara y me macho todo.
-          Que pelo#&%$ que sos tia!!
Mi tía se ofendió y me hecho de la casa mientras me insultaba y me decía que no era nadie para tratarla así. Llegue a mi casa y me bañe para sacarme el maquillaje de la cara, cuando salgo de bañarme veo mi celular y noto que había 3 llamadas perdidas de Laura López, una compañera de trabajo, intrigado decidí llamarla para ver que sucedió.
-          Hola Laura! Soy yo, Benja
-          Hola Benja!! Tengo noticias!
-          Si Laura, contame…
-          Murió Horacio Rivamonte (Nuestro jefe)
-          No puede ser!! (le grite al celular)
Seguimos hablando un rato más hasta que me di cuenta que se me hacía tarde, comí un pedazo de salchicha y me fui rápido al trabajo. Mientras iba pensaba en que habrá pasado con mi jefe, pero de inmediato me di cuenta que ahora mi jefe iba a ser el hijo de Horacio, Raúl Rivamonte, y ahí mi cara de estar fea paso a estar fea y triste.
Raúl trabajaba conmigo porque al ser la farmacia del padre era esperar a que muera para ser el dueño, el problema es que me odiaba eternamente y me hacia la vida imposible











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